En 1998 la prensa española escrita, radiofónica y televisiva, centra gran parte de su atención en una persona hasta ese momento casi desconocida, un hombre que, desde el 23 de agosto de 1968, permanecía en su cama tetrapléjico y al cuidado de su familia. Unos años atrás, Ramón Sanpedro ya había elevado su voz reclamado su derecho a vivir y morir ahora, dignamente. Pero una decisión de tal calibre la debían tomar los tribunales y no él.
Pero “Condenado a vivir”, se centra en otro aspecto de la historia de Ramón Sanpedro: su historia de amor con Ramosa Maneriro “Moncha”.
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